F U N D A M E N T O S 8 7 La comunidad-iglesia es un don del Espíritu Santo. Cualquier intento de hacerla a la fuerza, solo producirá una caricatura desalentadora. Sin la ayuda del cielo, nosotros los seres humanos somos egoístas y desunidos, incompetentes para la vida en común. Nuestros mejores motivaciones y esfuerzos al final evidencian su imperfec- ción, como Jesús nos dice: «Separados de mí nada podéis hacer». Seguimos siendo pecadores dependiendo entera- mente de la gracia. No obstante, hemos experimentado el amor transformador de Cristo. Él hace que lo imposible sea posible: que hombres y mujeres ordinarios vivan juntos en perdón y confianza mutua, como hermanos y hermanas, hijos e hijas de un Padre. Es su Espíritu que llama a los creyentes a una vida de amor donde el trabajo, el culto, la misión, la educación y la vida familiar llegan a ser un todo. Estamos convencidos que esta vida en la comunidad-iglesia es el más grande servicio que podemos dar a la humanidad, y la mejor manera de proclamar a Cristo. 8 Cristo pone por obra todo esto a través de su sacrificio en la cruz. Al tomar sobre sí mismo los sufrimientos y la muerte, él expió nuestros pecados y los pecados de todo el mundo. Su cruz es el único lugar donde podemos ser perdonados y encontrar paz con Dios y el uno con el otro. La cruz es el medio para nuestra salvación personal, pero es algo más: tiene un significado cósmico. Aquí Cristo vence todos los poderes de la maldad y de la enemistad, cumple la justicia de Dios, y reconcilia consigo todo el universo. Hch 2:4, 39–47 Sal 127:1–2 Rom 7:14–25 Jn 15:5 Ef 2:8–10 2 Cor 5:14–17; Gál 2:20 Flp 4:13 Jn 6:63–65 Jn 17:18–23 Rom 5:6–11 Jn 1:29; Is 52:13—53:12 Jn 3:16; 1 Jn 2:2 Ef 1:7–10; 2:11–22 Heb 10:11–25 Col 1:19–20, 2:13–15