N ues t r o ll a m a m ien t o 9 La cruz de Cristo está en el centro de nuestra vida en común: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Nosotros buscamos seguir el camino de la cruz como él lo hizo —el camino de humildad, vulnerabilidad y amor auto-sacrificado. 9 Nuestra comunidad-iglesia es solo una pequeña parte de la iglesia universal. Esta iglesia universal es el cuerpo de Cristo, compuesto por todas las personas que le perte- necen; es su novia, apartada solo para él. No puede ser identificada con ninguna institución u organización humana. Como los primeros cristianos testifican,* es una obra de Dios, no del ser humano. Ordenada desde el comienzo de la creación, ella incluye a los apóstoles, los profetas, los mártires y los creyentes de todas las edades que están con Dios como la «nube de testigos» de cada nación, tribu y etnia. Si alguien pregunta si somos la verdadera iglesia, replicamos, «¡No!» —nosotros solo somos objetos de la misericordia de Dios como todas las demás personas. Sin embargo, si se nos pregunta si experimentamos la iglesia como una realidad en nuestro diario vivir, entonces nosotros debemos afirmar que sí, por la gracia de Dios. Jesús promete que donde están dos o tres reunidos en su nombre —es decir, en pleno amor y obediencia a él— estará él presente en medio de ellos. De esta manera la comunión de ellos estará unida con la iglesia santa, universal y apostólica. * El Pastor de Hermas, 3.4, 8.1 (ca. 95–154 d. C.). 1 Cor 1:18–25 Mc 8:34 Mc 10:42–45 Flp 2:1–11 Mt 16:18; Ef 4:4–6 1 Cor 12:12–13; Ef 5:25–27 Ap 21:1–14; Os 2:19–20 Ap 7:9–10 Heb 12:1–2, 22–24 Ap 5:9–10 Mt 18:18–20 Mt 28:19–20 Gál 3:26–29