N ues t r o ll a m a m ien t o 17 las personas, ricas o pobres, con habilidades o sin ellas, quienes son llamados a ir por este camino de discipulado con nosotros. 18 El amor al prójimo nos lleva a renunciar a toda propiedad privada, la raíz de tanta injusticia y violencia. Cristo enseña a sus seguidores a rechazar el dinero, que nombró con el término «mammón», es decir, el deseo de poseer y el poder que otorgan las posesiones. Él advierte: «¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!». Él miró en lo profundo del corazón del joven rico a quien amó y le dijo: «Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme». Mammón es el enemigo del amor. Él motiva a algunas personas a acumular fortunas personales mientras millones viven en la miseria. Como una fuerza entre sistemas económicos, mammón produce explotación, fraude, materialismo, injusticia y guerra. Toda persona que sirve a mammón se opone al gobierno de Dios. A la persona que se guarda algo para sí no le importa el mandamiento que Jesús dio a sus seguidores de entregar su propiedad privada. Dicha persona ha confis- cado algo que Dios había entregado para el uso de todos y lo reclamó para sí misma. En obediencia a Cristo, confiamos en Dios para todas las cosas, inclusive nuestras necesidades materiales. Ninguno de nosotros es dueño personalmente de cosa alguna, y nuestra propiedad en común pertenece no a nosotros Col 3:11; 1 Cor 14:23–25 Lc 12:32–34 St 4:1–4; 1 Tim 6:9–10 Mt 6:19–21, 24 Lc 18:24 nvi Mc 10:17–22 nvi St 5:1–6; 1 Jn 2:15–17 Jr 22:13–17 Ez 28:1–19; Ap 18 Am 5:11–24 Mt 5:42; 1 Jn 3:16–18 Lc 12:13–34 Éx 16:13–21 Lc 6:24–36; 16:19–31 Mt 6:25–34; Éx 16 Hch 4:32