F U N D A M E N T O S 20 Aquellos que van a esparcir las buenas nuevas deben ser enviados en el nombre de Cristo por una comunidad- iglesia unida en un espíritu de arrepentimiento y amor. Deben trazar las huellas de Cristo a medida que van de una persona a otra y las siguen de casa en casa y de pueblo en pueblo. Hasta tal punto se nos ha dado discernimiento para hacer esto, que nos encontraremos nosotros mismos allí donde él ya ha ido, entre gente cuyo corazón ya ha sido abierto por él. Nuestra tarea no es la de hacer prosélitos o juzgar a otros, sino ser testigos de la grandeza del reino de Dios. 22 Así también, aquellos que permanecen en casa en la comunidad-iglesia desean vivir de tal manera que sea testimonio de la unidad perfecta, como una señal a todo el mundo de quién es Jesús y qué es lo que él desea. ¿Cómo va a saber el mundo que el evangelio es la verdad? Jesús nos enseñó que sería a través del amor y la unidad visibles entre sus discípulos. En la noche antes de su muerte, él oró por ellos y por todos los creyentes que vendrían después de ellos: «Para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado». Hch 13:1–3; Rom 10:8–15 Jn 10:16 Hch 8:26–40, 16:11–15 Hch 10:1–48; 17:10–12 2 Cor 4:1–6; Hch 8:12 Col 3:17; 1 Tes 1:2–10 Hch 4:32; Flp 2:1–11 Ef 4:1–3; Sal 133 Jn 13:34–35 Jn 17:21–23