E l o r d en d e nues t r a iglesi a 33 La completa entrega a Cristo es la base del discipulado. Esto significa arrepentimiento y conversión, de los cuales el bautismo es el signo. Aquellos que no hayan recibido el bautismo de creyente —es decir, el bautismo después de alcanzar la edad de responsabilidad, como ha sido ense- ñado en el Nuevo Testamento— deben considerar que este es un mandamiento de Cristo. La comunidad-iglesia reconocerá un bautismo previo realizado por otra iglesia si es que ambos, nosotros y la persona interesada, estamos convencidos que el bautismo fue genuino. 35 Dios quiere un servicio voluntario. Los votos deben hacerse solo sobre la base de una decisión bien probada y sin ninguna coacción humana. Cualquier persona que no puede hacer este compromiso de manera libre y voluntaria, se le debe dejar tranquila. Nadie debe unirse por causa de otra persona, un hombre por causa de una mujer o una mujer por causa de un hombre, el amigo por causa de un amigo, o los hijos por causa de sus padres. Esta clase de decisión estaría edificada sobre la arena: no puede durar. Por el contrario, cada uno debe edificar en la roca que es Cristo, buscando agradar solamente a Dios. Por tanto, ser miembro por derecho de nacimiento ni siquiera se discute. Cuando los jóvenes que han crecido dentro de nuestras comunidades llegan a la mayoría de edad, ellos deben tomar tiempo para discernir la voluntad de Dios en su vida, sea que soliciten permanecer con noso- tros o que sigan experiencias de vida en otra parte. Lc 9:23–27; Mc 10:21 Jn 12:24–26 Hch 2:37–41 Mc 16:15–16 Mt 28:18–20 1 Pe 5:2; Éx 35:4—36:7 1 Cor 2:4–5 2 Cor 9:6–7; Dt 23:21–23 Gál 5:1 Mt 10:34–39 Mt 7:24–27 Jn 1:12–13; 3:5–8