E l o r d en d e nues t r a iglesi a 37 Jesús, quien dijo: «Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». Jesús les dijo a los que querían seguirlo: «Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará». Él también enseñó: «Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”». Es en este sentido que hacemos nuestros votos. 39 Los votos para ser miembro se hacen en el espíritu de los votos en la tradición monástica de pobreza, castidad y obediencia: Pobreza: Prometemos entregar toda propiedad y vivir en forma sencilla, en completa libertad de posesiones. Castidad: Prometemos sostener pureza sexual y, si somos casados, permanecer fieles de por vida en el vínculo del matrimonio entre un hombre y una mujer. Obediencia: Prometemos entregarnos en obediencia a Cristo y a nuestros hermanos y hermanas, comprome- tiéndonos a servir a la comunidad-iglesia dondequiera y comoquiera que se nos pida. 40 Los votos para ser miembro se hacen públicamente, a Dios y ante la comunidad-iglesia, respondiendo las preguntas siguientes: 1. ¿Prometes proclamar a Jesús en palabras y hechos, por el resto de tu vida? Lc 1:38 Mt 16:25 Lc 17:10 Lc 12:32–34; 2 Cor 9:7–8 Mt 6:25–32 Mt 5:27–32; 1 Cor 6:9–10 Heb 13:4 Mt 19:3–9 1 Pe 1:1–2 Jn 13:13–17 Ef 5:21 Mc 16:15–20; Lc 12:8–9 Rom 1:14–17; 15:17–20