L a s a c c iones s a g r a d a s d e l a iglesi a 55 La forma de bautismo no es importante: se puede usar inmersión o derramamiento. Lo que importa es la inter- vención de Dios para limpiar completamente, perdonar y sanar a la persona bautizada. 64 El bautismo es la declaración de una buena conciencia con Dios. Por medio de él, la iglesia testifica y sella la salvación en el nombre de Cristo: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». En Pentecostés, cuando muchos en la multitud «se compungieron de corazón» al darse cuenta de su culpa por la muerte de Cristo, tres mil fueron bautizados en un día. Tal arrepentimiento y la conversión que le sigue son los únicos fundamentos seguros para el bautismo. El verdadero arrepentimiento es un don de Dios. Es reconocido por un corazón arrepentido y contrito, por un deseo de confesar los pecados y un cambio de vida que muestra frutos de un nuevo espíritu. Una persona que verdaderamente se arrepiente estará decidida a nunca más pecar intencionalmente, sino más bien morir antes que desobedecer a Dios. 65 El bautismo es una confesión de fe: fe en Jesús de Nazaret, el hijo de María e hijo de Dios, quien nació en la pobreza, murió en la cruz, resucitó de entre los muertos y un día regresará a establecer su reino plenamente en la tierra. Antes de llevar a cabo el bautismo en nuestra comunidad- iglesia, la persona candidata declara su fe en Jesús y afirma todos los puntos de la fe cristiana como se establece en el Credo de los Apóstoles y en el Credo Niceno. Jn 4:23–24 Jn 1:12–13; 13:2–10 1 Pe 3:21 Hch 4:12 Ef 2:8 Hch 2:37–41 Jn 3:1–8 Sal 32; 51 Mt 3:6; Hch 19:17–20 2 Tim 2:19; Tit 2:11–14 Heb 12:1–17; 1 Jn 3:6 1 Pe 3:13—4:6 Hch 22:16; 1 Tim 6:12–16 Flp 2:5–11; 1 Tim 3:16 1 Cor 15:1–8