F U N D A M E N T O S 56 66 El bautismo es una promesa de seguir a Jesús, venga lo que venga, obedeciéndole en todas las cosas. Los primeros cristianos enseñaron que así como un recluta llega a ser un soldado al hacer un juramento de lealtad, así el bautismo nos enlista como soldados de Cristo y juramos servirle incluso a costo de nuestra vida.* 67 Por eso, el bautismo es también incorporación en el cuerpo de Cristo: «porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo». A través del bautismo nos convertimos en miembros compañeros de todos los creyentes por todas las edades, compartiendo «un solo cuerpo y un solo Espíritu […] un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos». Cualquier persona que pertenece a Cristo se unirá a otros que también son de él: «El que conmigo no recoge, desparrama». La cena del Señor 68 En la última noche antes de su muerte, Cristo pidió a sus discípulos que le recordaran con una comida sencilla de pan y vino. Celebramos la cena del Señor en obediencia a él buscando guardar la sencillez y reverencia. 69 La cena del Señor es ante todo una comida de recuerdo: «Haced esto en memoria de mí». Al compartirla se nos recuerda la vida de Cristo, su muerte, su resurrección y su promesa de venir de nuevo. * Primera carta de Clemente, 37.1–4 (ca. 80–100 d. C.); Ignacio de Antioquía, Carta a Policarpo, 6.2 (ca. 98–117 d. C.). Lc 9:23–25, 62 2 Tim 2:3–10; 2 Cor 10:3–5 Ef 6:10–20 1 Cor 12:12–13 Gál 3:26–28 Ef 4:4–6 Mt 12:30 Lc 22:14–19 1 Cor 11:24