L a s a c c iones s a g r a d a s d e l a iglesi a 57 70 La cena del Señor es una comida de comunión con Cristo, pues mientras comía con sus discípulos, Jesús les dijo: «Esto es mi cuerpo [...] esto es mi sangre». Él dijo también: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él». Al participar del pan y del vino, renovamos nuestro pacto del bautismo, entregán- donos a Jesús con plena renuncia y declarando nuestra disposición a sufrir y morir por él. Creemos que él mismo estará presente entre nosotros con su poder para sanar al enfermo, perdonar los pecados y expulsar al maligno. 71 La cena del Señor es una comida de unidad. Nosotros mismos declaramos juntos estar unidos bajo el juicio y la misericordia de Dios. En esta comida la iglesia se aparta de cualquier otro cuerpo y asociación. La iglesia primitiva enseñó que deben parti- cipar solo aquellos que son bautizados, probados en el diario vivir y unidos en comunión con la comunidad de la iglesia.* Más allá de la misma reverencia, también cele- bramos la cena del Señor solamente con las personas que han recibido el bautismo de creyente, quienes afirman la misma confesión de fe y con quienes hay paz y unidad. Si antes de la cena nos damos cuenta que existe algo entre nosotros y Dios, o entre nosotros y los hermanos o hermanas, debemos primero hacer las paces para que noso- tros podamos venir a la mesa de Cristo con el corazón libre. * Didaché, 9.5; 14.193 (ca. 60–110 d. C.); Justino Mártir, Primera Apología, cap. 66 (ca. 151–155 d. C.). Mt 26:26–28; 1 Cor 10:16 Jn 6:56 Jn 12:24–25; Col 1:24 Jn 14:11–14 1 Cor 10:17; 11:33–34 1 Cor 10:16–22; 11:27–32 Mt 5:23–24