L a s a c c iones s a g r a d a s d e l a iglesi a 63 y semejanza, cada persona incompleta sin la otra. Él anheló esta unión —una relación muy diferente de cualquier otra— para tener y criar hijos. En un verdadero matrimonio, esposo y esposa tendrán una actitud de bienvenida hacia la concepción y el nacimiento de una nueva vida, aunque esto les parezca difícil o imposible en su caso particular. Cristo tiene el misterio del matrimonio en tan alta honra que él exige una vida de castidad. El sexo es un don de Dios, pero si es aislado de él y de su voluntad, entonces corrompe el alma; fuera del matrimonio, el sexo es pecado. La Biblia claramente requiere abstinencia antes del matri- monio y fuera de él. De hecho, Jesús nos advierte que una mirada lujuriosa es adulterio en el corazón. 79 Por cuanto el matrimonio es una unión de por vida entre un hombre y una mujer, de acuerdo con la voluntad creadora de Dios, y como él previó y deseó que el amor sexual debiera compartirse solo entre esposo y esposa, la comunidad-iglesia nunca puede reconocer la relación homosexual como si fuera un matrimonio, aun cuando la ley o la sociedad así lo declaren. Estamos llamados a representar el amor de Dios a toda persona, incluyendo aquellas personas que experimentan atracción por personas de su mismo sexo. No condenamos a nadie. Sin embargo, Cristo declara: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga». Él llama a cada discípulo a seguir esta senda estrecha. La comunidad-iglesia da la bienvenida en su medio a todos los que están listos a aceptar el llama- miento de Cristo y abandonar todo por él. Gn 2:18–24 Gn 1:28; 9:1 Mc 9:37; Sal 127:3–5 Mt 5:27–32 Cant 2:16; 1 Cor 7:3–7 Heb 13:4; 1 Tes 4:3–8; Pr 5:1–20 Mt 5:28 Mt 19:3–9 1 Cor 6:12–20 Rom 1:21–32; 1 Cor 6:9–11 Jn 3:16–17 Jn 8:3–11 Lc 9:23 nvi Mt 7:13–14 Mt 11:28–30 Tit 2:11–14