F U N D A M E N T O S 64 80 En cuanto al divorcio y el volver a casarse, Cristo dice: «El que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera […] Y si la mujer se divorcia de su esposo y se casa con otro, comete adulterio». La comunidad-iglesia debe defender la enseñanza de Jesús, que es la única postura consistente con la verdadera fide- lidad y el amor. Si se da el caso que la separación ocurra en situaciones aisladas, ningún miembro de la comunidad- iglesia debe divorciar de su cónyuge. Aún más, ningún miembro que se haya divorciado debe casarse de nuevo si su primer cónyuge todavía vive. 81 Los llamamientos en el matrimonio para el hombre y la mujer son diferentes, pero iguales en dignidad. Según el Nuevo Testamento, el hombre debe ser la cabeza de la familia y la esposa su ayuda. Él nunca debe dominarla, sino que debe estimarla y servirla en humildad. En nues- tras comunidades durante la boda el novio promete honrar y respetar siempre a su novia, y se le recuerda la adver- tencia del apóstol Pedro que si él descuida este deber, Dios puede rechazar sus oraciones. Asimismo, una esposa debe apoyar a su esposo en lo que es bueno. Ante todo, ambos cónyuges están encargados por igual de guiarse el uno al otro más cerca a Cristo. El matrimonio es un gran bien, pero no el más grande. Para un creyente, Cristo tiene que ser siempre primero, antes de cualquier otra cosa, incluyendo el deseo de casarse (si es soltero) o el compromiso a un cónyuge (si es casado). En nuestras comunidades los miembros pueden casarse Mc 10:2–12 nvi Mt 5:32; 19:9; Lc 16:18 Mt 28:20 Rom 7:1–3; 1 Cor 7:10–11 Gál 3:28 Ef 5:22–33 Col 3:19 1 Pe 3:7 1 Jn 4:7–21 Mt 19:10–12