F U N D A M E N T O S 72 El trabajo dentro de la comunidad-iglesia no es en primer lugar una actividad económica valorada sobre la base de ganancia o productividad. Ninguna clase de trabajo trae privilegios ni tampoco estigmas: el trabajo en la lavan- dería de la comunidad es valorado tanto como el trabajo de un técnico, un experto o un profesional. Todos somos hermanos y hermanas, ninguno es más, ni tampoco menos que el otro. Así que no puede haber lugar en nuestra vida común para obligaciones contractuales o relaciones basadas en el control, como entre un amo y su siervo. Somos llamados a dar testimonio de un orden social y económico diferente, basado en la fe, el amor y la confianza mutua. 90 Como nuestro trabajo es parte integral de nuestro llamamiento, no podemos aceptar pago de la comunidad- iglesia, o del uno al otro entre los miembros. El cuidado que se da en la forma de comida, alojamiento, atención médica y otros gastos para la subsistencia personal son recibidos no como un derecho o en proporción a los servicios prestados, sino de acuerdo a la necesidad. En conformidad con el voto de pobreza de los miembros y con la fe y la práctica de nuestra vida en común, todos los miembros, novicios y huéspedes y sus dependientes quienes participan en la comunidad-iglesia lo hacen voluntariamente, sin esperar pagos, salarios, vacaciones o compensación alguna. Trabajar en el servicio de amor es nuestro gozo. Contribuimos nuestros talentos y energías de cualquier forma que podamos hasta el final de nuestra vida. Nuestra 1 Cor 12:12–31 St 2:1–9 Flm 1:14–16 Mt 20:20–28 Hch 4:34–35 Lc 19:11–27; 1 Pe 4:10–11