F U N D A M E N T O S 78 La educación 100 La comunidad-iglesia es una escuela para jóvenes y viejos en el discipulado de Cristo. La verdadera educación es un asunto del despertamiento del alma, del avivamiento de la vida interior para que toda la persona esté armonizada con Cristo y su causa. Todas las personas miembros deben aprender a trabajar con la mente y el espíritu concen- trados a plenitud de sus capacidades. Si amamos a Cristo, tendremos interés en la obra de Dios a través de la historia y nos preocuparemos por los movimientos sociales, polí- ticos y culturales de nuestro tiempo. 101 Es en este contexto que se imparte la educación a los niños y jóvenes. Los niños no debieran ser moldeados para ajustarlos a los deseos o ambiciones de sus padres u otras personas. Cada niño es un pensamiento de Dios. La educa- ción significa nutrir la chispa divina innata en cada niño y ayudarlo a convertirse en la persona que Dios quiere. Los diez mandamientos y el Nuevo Testamento declaran con mucha razón: «Honra a tu padre y a tu madre [...] para que sean prolongados tus días y para que te vaya bien». El bienestar emocional y espiritual de los niños comienza en la relación con sus padres. Son los padres, y no la escuela ni la comunidad, quienes tienen la auto- ridad primordial y la responsabilidad de la educación de sus hijos. La obediencia y el respeto a los padres y a otros adultos son la base de un carácter fuerte. Hay que evitar la permisividad y la complacencia en la educación de los niños, pero también el moralismo y el legalismo. Los padres y los maestros deben ser mentores de Tit 2:1–8 Hch 7:22 Hch 14:15–17; Rom 1:18–20 Hch 17:16–31; Dn 1:3–4, 17 Jr 1:4–5 Dt 5:16; Col 3:20 Ef 6:1–4 Pr 6:20–24 Mc 7:1–13 Col 2:20–23; 3:21