L a v i d a en c o m uni d a d 81 perspectiva y busca su propio beneficio. Mientras la primera es vital en una comunidad viva, el último la destruirá. 105 Jesús llamó a sus discípulos «amigos» y les abrió su corazón con franqueza. De la misma manera, nosotros debemos ser amigos el uno del otro, apreciándonos tal como somos con el afecto de hermanos y hermanas. Cada uno de nosotros tiene ciertos dones naturales que nos hacen únicos. Pero éstos en sí mismos no son ni ayuda ni estorbo para servir a Cristo. Tenemos que ser liberados de todo este concepto de medir nuestros propios méritos, para que ni seamos engreídos por nuestros logros ni estemos plagados con sentimientos de inferioridad por nuestras deficiencias. Todos tenemos que dar nuestro todo. 106 En la expresión externa de nuestra vida juntos, buscamos independencia de la presiones conformistas de la cultura del consumismo. Aunque aparente ofrecer posibilidades ilimitadas, de hecho, a menudo es artificial y hostil para el desarrollo de la verdadera individualidad e integridad. Este es por qué, en nuestra manera de vestir, rechazamos tendencias y modas, pues ellas con frecuencia son impuestas por el afán de adquirir estatus y de mercantilizar la sexua- lidad. Los miembros se visten de una manera que expresa nuestros valores de sencillez, igualdad y modestia, en reverencia por la manera en que Dios creó al hombre y a la mujer, diferente el uno de la otra, pero ambos a su imagen. Jn 15:14–15 Rom 12:10 Ef 2:10 Flp 3:3–11 Ef 2:8–10 Mt 25:14–30; Lc 21:1–4 Rom 12:1–2; St 4:4 1 Jn 2:15–17 Mt 6:28–33 1 Pe 3:1–5; St 2:1–8 1 Cor 11:2–16