F U N D A M E N T O S 82 107 La única base segura para la integridad individual es una relación viva con Cristo. Nuestra vida juntos en la comu- nidad-iglesia se marchitará a menos que cada uno de nosotros permanezca personalmente conectado a él. Por esta razón, los tiempos de quietud solos delante de Dios son importantes para cada hermano y hermana. Cada cual tiene que encontrar el ritmo correcto entre el silencio y la comunión, es decir, entre el encuentro con Dios en soledad o por medio de la comunión con otras personas. Cada miembro debe ser diligente en tomar tiempo para la oración personal por la mañana, por la noche y durante el día. Todos tenemos que tomar parte activa para velar que solamente Cristo sea el Señor entre nosotros. Entonces, Dios estará libre para derramar su amor sobre nosotros y el mundo; entonces él puede realizar grandes obras y «hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos». La mesa en común 108 Nuestras comidas en común, las cuales compartimos a diario, son una parte muy importante y alegre de la vida en la comunidad-iglesia. Cada comida es un tiempo de acción de gracias. A menudo invitamos a visitantes, vecinos, amigos y recién llegados a nuestra mesa, bien sea en nues- tros hogares o en el salón comedor de la comunidad. Al practicar la hospitalidad, como lo manda la Escritura, todos somos enriquecidos. Cuando comemos juntos, celebramos ocasiones tales como cumpleaños y aniversa- rios, a menudo con la participación de los niños, música u otras presentaciones. Observamos la mayoría de las fiestas Flp 1:21; Col 3:1–3 Jn 15:1–8 Mc 1:29–39; Mt 14:22–23 Jn 14:12–14 Ef 3:14–21 Hch 2:46; 1 Tim 4:4 Heb 13:1–2; 1 Pe 4:9