85 7 C O N C L U S I Ó N Damos todo honor a Dios, sabiendo que nuestra vida juntos es nada, a menos que esté llena de su amor y reno- vada continuamente por su misericordia. Como Cristo ordenó, esperamos la venida del reino de Dios y deseamos apresurar su llegada. Nuestra espera no puede ser pasiva o lúgubre. Cristo promete que aquellas personas que en verdad esperan su reino, serán llenas de su poder y gozo. Él ayudará a todas estas personas a acabar con toda complicidad y resignación con el estado de cosas. Él las capacitará para vivir ahora y aquí en el amor y la justicia de su reino venidero. Oramos que, por medio de Cristo, lo que es grande y eterno se apodere de nosotros de tal forma que transforme todo lo que es pequeño.* El espíritu de Cristo puede asombrar a cada persona, una tras otra, hasta que su reino llene el mundo entero. Gracias a él, nuestra vida juntos no * Eberhard Arnold, 20 de julio de 1923. 1 Cor 13 Mt 24:36—25:46 2 Pe 3:11–13 Flp 4:4–9 Hch 1:6–8; Jn 16:23–33 1 Jn 5:3–5 Ap 21; Ez 37 Col 1: 9–14; Ef 1:15–23 2 Cor 4:16–18 Heb 12:1–3 Jl 2:28–32 Is 11:1–9