Mundo

Regreso a Viena

Una niña del Kindertransport vuelve a casa

viernes, 03 de diciembre de 2021 por

RTVMain

Apenas unos días antes de que mi amiga Lotte Keiderling muriera, en agosto, recibí una tarjeta escrita de su puño y letra. Fue la última de muchas enviadas desde su hogar en una comunidad Bruderhof en el estado de Nueva York hasta esta región desértica del interior de Australia, donde vivo. Habíamos sido amigas desde mis veinte años, cuando ayudaba a cuidar a su hija Sonja que requería asistencia a tiempo completo debido a una discapacidad. Habíamos permanecido en contacto desde entonces y Lotte, con su don para la amistad, a los ochenta y nueve aún mantenía correspondencia con un montón de miembros de su “familia” ampliada, como yo, alrededor del mundo. De hecho, acabábamos de empezar a relacionarnos verdaderamente cuando uno de mis sobrinos se casó con su nieta. Mientras escribo, sostengo en mi brazo libre a su bebita, Ava, la bisnieta de Lotte.

Pero solo entendí por qué Lotte valoraba tanto a su familia, biológica y adoptada, cuando en 2018 hizo un viaje de regreso a Viena. Siempre había descrito la ciudad de su infancia de forma vívida: un lugar maravilloso con alamedas flanqueadas por castaños de Indias donde ella y su padre recogían castañas; músicos de primera categoría y valses de Strauss; y deliciosas Torten. Contaba de sus vacaciones en los Alpes, de los helados a orillas del Danubio y del amor de dos padres devotos suficiente para desbordar el corazón de cualquier niño. Ya adulta, aún podía cantar la canción tradicional que su padre le había enseñado: “Nun ade, du mein lieb’ Heimatland”, es decir, “Adiós, mi amada tierra”.

RTVEmbed1Lotte con su madre Valerie Berger (derecha) y su tía, tío y primo (izquierda), c. 1934 Todas las fotografías gentileza de la familia Keiderling.

Por encima de todo, recordaba la misteriosa noria, o Riesenrad, la más grande del mundo, a la que todo niño vienés ansiaba subir. Contaba de las caminatas de la mano de su padre los domingos por la tarde a lo largo del Wiener Prater hasta la Riesenradplatz, donde estaba la noria. Cuando llegaban allí, Lotte solía suplicar a su padre que la dejara subir: “Por favor, Papi, por favor”.

Pero la respuesta siempre era la misma: “Lottchen, cuando tengas la edad suficiente, te llevaré. No todavía”.

Estos preciosos recuerdos conformaban una infancia completa, condensada en unos pocos breves años. Terminó de forma abrupta cuando ella abordó un tren sin sus padres. No retornó hasta ocho décadas después.

RTVEmbed2Riesenrad Imagen de Alamy. Usado con permiso.

A los siete años, luego del Anschluss de 1938, Lotte vio a Hitler chillar desde un balcón engalanado con una esvástica a una multitud que lo adoraba gritando “Heil Hitler!”. No mucho después, unos niños la persiguieron por las calles gritándole: “¡Judía! ¡Judía!”. La panadería de sus padres fue confiscada. Recordaba a su padre cuando se rehusaba a cumplir con las exigencias nocturnas de bandas de nazis errantes para que limpiara el bar al otro lado de la calle.

En junio de 1939, sintiendo que la catástrofe era inminente, Josef y Valerie Berger subieron a su amada hija de siete años al tren salvador conocido como Kindertransport, con una pequeña valija, una manta y sus alimentos favoritos. Iría a un lugar, le dijeron, donde habría caballos (Lotte imaginó los lipizzanos de la Escuela Española de Equitación de Viena). Y le prometieron que pronto se reunirían con ella.   

Lotte viajó en el tren con cientos de niños llorosos y, después de un breve contacto con familiares en Londres, fue bienvenida en la comunidad Cotswold del Bruderhof, que se había ofrecido para acoger a cuatro de aquellos niños que huían de la persecución nazi.

Al llegar, Lotte se quedó mirando el lugar: “Todas esas mujeres con pañuelos y vestidos largos. Pensé que había aterrizado en un planeta diferente”. Y, sin embargo, pronto se sintió en casa, en lo que describió como “una atmósfera de amor”.

RTVEmbed3Lotte (la segunda desde la izquierda) con otros niños del Kindertransport en la comunidad Cotswold Bruderhof, 1939

Aun así, muchas noches, pensando en sus padres, Lotte lloraba hasta quedarse dormida. La amenaza del nazismo nunca estuvo lejana. Recordaba que, tiempo después, veía las conocidas cruces negras de los aviones alemanes que volaban a baja altura sobre su cabeza mientras ella jugaba en las praderas inglesas.

En 1941, cuando se ordenó a las comunidades Bruderhof en Inglaterra que emigraran a América del Sur o que enfrentaran la reclusión, los otros tres niños del Kindertransport que permanecían en la comunidad fueron devueltos a sus familiares. Pero cuando les preguntaron a Josef y a Valerie si Lotte debía abandonar Inglaterra y trasladarse a Paraguay, ellos respondieron de inmediato: “Llévensela tan lejos de Hitler como sea posible”.

Mientras la comunidad se esforzaba en levantar un establecimiento pionero, Lotte disfrutaba de lo que describió como una infancia feliz, en calidad de hija acogida por varias familias. Aun así, anhelaba las caricias de su propia madre. Una vez, la madre de una amiga se dio cuenta de que Lotte estaba triste y la sentó en su falda para consolarla, un momento que Lotte atesoró por el resto de su vida.

Durante el primer año en Paraguay, Lotte recibía con frecuencia cartas de sus padres, que aún estaban en Viena. Luego las cartas cesaron. El tiempo transcurrió y sus padres se transformaron en un recuerdo cada vez más lejano. Pero en julio de 1945 llegó una carta de su padre, con un matasellos de Bergen-Belsen:

Mi muy amada hija,
Seguramente sentirás alegría al recibir una carta de tu Papá. Espero que estés bien, así como yo lo estoy. No he tenido noticias del paradero de tu querida Mutti, puesto que todo el mundo ha tenido que viajar con esta guerra. Espero verte pronto. Quisiera llegar a ti o al tío Adolf. Por favor, responde de inmediato.
Muchos miles de besos de tu Papá.
Muchos saludos a Lene [Schulz, la tutora de Lotte] y a tus compañeros de clase y al Sr. Trümpi [su maestro]..

Poco después de que hubiera llegado esta nota, el maestro de Lotte la llevó a dar un paseo y le contó que su madre había muerto. Las noticias habían llegado a través del doctor que había tratado a su padre después de su liberación de Bergen-Belsen. Pesaba solo cuarenta y cinco kilos, dijo el doctor. Lotte lloró amargamente.

Ella y su padre comenzaron a intercambiar correspondencia. En mayo de 1948 él le escribió desde un pequeño pueblo en Baviera:

¡Mi queridísima Lotte!

Recibí tu amorosa carta del 16 de abril y quedé tan contento con ella. Me tranquiliza que me escribas con regularidad. Ojalá pudiera enviarte por correo el reloj pulsera que te prometí.

Como no recuerdas a Harry Raab, te envío una foto de él. Tú y tu querida Mutti también aparecen allí. En aquella época estábamos visitándote en el hogar para niños en Annaberg. Por favor, conserva esta foto; es preciosa. La obtuve de la tía Carla.

¿Aún recuerdas cuando te enseñé a andar en una pequeña bicicleta? Es agradable hacer algo de deporte. También yo ando en mi bicicleta, a veces. ¿Recuerdas cuando fuimos a patinar sobre el hielo? Quizá llegue el día en que podamos hacer esto juntos de nuevo. Hace mucho calor aquí. Siempre que veo a los niños que toman helados pienso en ti, porque sé cuánto te gustaban también.

Ahora, mi niña querida, pronto cumplirás diecisiete y quiero desearte lo mejor para ese día. Que todos tus deseos se cumplan y que siempre tengas salud y felicidad. Que Dios también me conceda la alegría de abrazarte una vez más después de tantos años de separación.

En este día, por favor, piensa en tu Papá que está tan lejos de ti.

El deseo de Josef nunca se cumplió. Finalmente, emigró a los Estados Unidos y se instaló en Niagara Falls, Nueva York. Ambos soñaban con una reunión, pero el viaje desde Paraguay a los Estados Unidos era un obstáculo económico inmenso y, antes de que pudieran hacerlo, él murió.

RTVEmbed4Roland y Lotte volviendo de su luna de miel, Paraguay, 1952

Mientras tanto, Lotte se había vuelto una adulta y en 1950, a sus diecinueve años, se enamoró. Nunca se cansaba de contar esta historia: “Roland era alemán, pero no le preocupaba ni le importaba que yo fuera judía. Solo me amaba, y yo lo amaba a él. Nos casamos en 1952 y, adivina qué, tuvimos trece hijos. Por eso digo que ´¡Le di a Hitler una patada en el trasero!´”.

El amor de Lotte por Roland y el suyo por ella comenzaron a sanar la herida causada por la pérdida, que la había acompañado durante la infancia. Años después escribiría acerca de la primera tarde después de su luna de miel, cuando se instalaron en su diminuto monoambiente. “Nos sentamos a nuestra mesa y me puse a llorar, porque ahora teníamos nuestro hogar. Desde que, siendo una niña pequeña, había dejado a mis padres, no había tenido un hogar que fuera realmente mío; siempre había estado al cuidado de otras familias. Tener nuestro pequeño hogar significó mucho para mí y lo conservé como un pequeño alhajero, siempre con flores frescas y simplemente hermoso”.

RTVEmbed5Poco antes de inmigrar a EE. UU.: Lotte y Roland con doce de sus hijos en 1971, incluso Sonja (primer plano)

Un bebé siguió al otro. Sonja, la tercera, nació en 1957, saludable, de ojos marrones y robusta, con un peso de cuatro kilos y medio. Aún vivían en Paraguay. Cuando tenía cinco meses, lo que comenzó como una infección de oídos se volvió una meningitis severa. A pesar de que la llevaron a Asunción para ser tratada, Sonja estuvo a punto de morir y sufrió un daño cerebral severo. Nunca pudo hablar, caminar o cuidar de sí misma. Lotte, y luego sus otros hijos junto con ella, se dedicaron a Sonja durante los cuarenta y un años siguientes, hasta su muerte en 1998.

Para esa época, las otras once hijas de Lotte y su hijo habían crecido y muchos estaban formando su propia familia. En la actualidad sus dieciocho nietos y sus seis bisnietos viven en Estados Unidos, Europa y —en el caso de la familia de la bebita Ava— aquí en Australia.


Para leer sobre su regreso a Viena en 2018, lee el artículo completo en Plough. Traducción de Claudia Amengual

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Norann Voll

Norann Voll vive en la comunidad Danthonia, Australia y bloguea sobre comida y hospitalidad.

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