Seguir a Jesús

¿Amar a mis enemigos?

lunes, 17 de mayo de 2021 por

A la edad de quince años, viajé con mi familia desde Corea del Sur a los Estados Unidos para visitar una comunidad Bruderhof. Fue ahí donde por primera vez escuché que, si yo quería seguir a Jesús, no debía hacer uso de la violencia contra otra persona, y por tanto, no podía ser soldado. Protesté, pues en Corea del Sur, el servicio militar es una obligación cívica para todos. Desde pequeño, todos los hombres que yo conocía habían servido en el ejército. Jamás pensé que fuera algo erróneo.

Sin embargo, al leer los evangelios, en particular el sermón del monte, me sentí incómodo. Un versículo hizo eco en mi corazón: "Ama a tus enemigos" (Mt 5:44). Ya había escuchado y leído antes estas palabras muchas veces, pero esta vez fue diferente, me molestaron. Oré: “Querido Dios, ¿de verdad quieres que ame a mis enemigos? ¿Qué hay de los japoneses que invadieron Corea y abusaron de tantos de mis connacionales? ¿Quieres que los ame como amo a mi papá y a mi mamá? ¿Cómo puedo hacerlo?".

Entonces, una respuesta vino a mi corazón: “Sí, ama a tu enemigo, así como yo te amo. Tu eres mi enemigo porque todo aquel que peca es mi enemigo. Sufrí y morí, para salvar a mis enemigos. Las personas que señalas como enemigos, ellos también fueron niños inocentes. ¿Qué los hizo crecer para ser crueles? Es porque no han experimentado el amor verdadero. Ama a tus enemigos. Ora por aquellos que te lastiman, y bendícelos. No pagues mal por mal, sino haz el bien a los que te odian".

Este fue el punto de cambio en mi vida, pero mi viaje aún continúa. Desde que comencé este camino, he recibido muchas palabras de aliento de otras personas, así mismo muchas preguntas. Aquí, me gustaría abordar dos preguntas frecuentes.

No debemos lastimar a nadie, ni siquiera por defender a quien amamos. De lo contrario, incumplimos el amor por nuestros enemigos y nos desviamos de seguir a Jesús.La primera pregunta que a menudo plantean es la siguiente: “Cornelio, uno de los primeros conversos entre gentiles, cuando fue bautizado era un oficial del ejército. ¿Esto querrá decir que está bien ser militar y cristiano al mismo tiempo?"

Así es como yo respondería: En una visión Cornelio recibió la instrucción de enviar a buscar a Pedro (Hch 10). Cuando Pedro les estaba predicaba, el Espíritu Santo descendió sobre los que estaban escuchando. Cuando Pedro vio que habían recibido el mismo Espíritu Santo que él, los bautizó. El bautismo simboliza nacer de nuevo, es darle muerte al viejo yo, para resucitar con Cristo como una nueva creación. Los primeros cristianos estaban unidos por el sacramento del bautismo, la Escritura dice: “Todos los creyentes estaban unidos de corazón y en espíritu. Consideraban que sus posesiones no eran propias, así que compartían todo lo que tenían” (Hch 4:32). Este fue el tipo de bautismo que recibió Cornelio, el cual es muy diferente a lo que nosotros estamos acostumbrados actualmente. En la mayoría de las iglesias, el bautizo parece no requerir mucho compromiso. Sin embargo, al principio todos los que querían seguir a Jesús tenían que renunciar a toda pertenencia y actividad anterior. Cuando Jesús llamó a Mateo, dejó de ser un recaudador de impuestos. Pedro, Santiago y Juan dejaron sus redes y su barca y hasta su familia, para seguirle. Jesús dijo: “Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees” (Lc 14:33). Después de leer estos pasajes, me resulta imposible creer que Cornelio permaneciera en el ejercito después de su conversión.

Jesús le dijo a Pilato: “Mi reino no es un reino terrenal. Si lo fuera, mis seguidores lucharían para impedir que yo sea entregado a los líderes judíos; pero mi reino no es de este mundo” (Jn 18:36). Jesús oró cuando la gente se burlaba de él y lo maltrataba: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34). Asimismo, el primer mártir, Esteban, también le pidió a Dios que perdonara aquellos que lo apedrearon a muerte. Los apóstoles fueron perseguidos y maltratados por hablar de Jesús y su mensaje, pero se regocijaron en el Señor por ser dignos de sufrir por su nombre. En resumen, ellos eran como corderos. Cornelio recibió el mismo Espíritu que los apóstoles. Bravura, honor y poder mundano, no pudieron haberse quedado en Cornelio después de recibido el Espíritu Santo.

TEmbed1Tres espadas. Pintura sobre piedra, 1932, de Nicholas Roerich. Dominio público.

La segunda pregunta que escucho a menudo es: "Si alguien atacara a mis seres queridos, me vería obligado a protegerlos. ¿No harías tú lo mismo?".

Mi respuesta es la que dieron hace quinientos años los huteritas, respecto a la ayuda física que Pedro quería darle a Jesús, cuando fue arrestado (Mt 26: 51–52). Veamos lo que pasó: “Guarda tu espada —le dijo Jesús—. Los que usan la espada morirán a espada”. Pedro hirió un hombre por defender al Señor; Jesús lo sanó. Así de contundente fue y sigue siendo el rechazo de Jesús a cualquier tipo de amor por el que se pudiera dañar u odiar a los demás. Paciencia y amor se derivan del amor de Cristo. No debemos lastimar a nadie, ni siquiera por defender a quien amamos. De lo contrario, incumplimos el amor por nuestros enemigos y nos desviamos de seguir a Jesús.

En ocasiones el pacifismo se considera como irreverente ante las autoridades de un país. Respeto la autoridad de un gobierno como si fuese ordenada por Dios, y obedezco siempre que sus demandas no contradigan las enseñanzas de Jesús. Así mismo, respeto a quienes sirven en las fuerzas armadas —aunque nunca pueda formar parte por a mi amor a Jesús y a los demás— sin embargo, los que están en el ejército son también mis semejantes.

En la novela Crimen y castigo de Dostoievski, Raskólnikov le confiesa a Sonia que él había cometido un asesinato. Sin embargo, Sonia le muestra amor y desea que lo confiese públicamente. Raskólnikov, sorprendido le pregunta: "¿Por qué me amas?" Ella responde: "¿Acaso tú no estás sufriendo también?"

Todos sufrimos. He sido testigo algunas ocasiones deque quienes han sufrido mucho, pueden amar mucho. Hay quienes piensan que la violencia es una forma para evitar sufrimiento, pero ocurre lo contrario. La violencia siempre genera sufrimiento en ambos lados: quien daña como quien es dañado.

El llamado es a amarnos unos a los otros. Incluyendo a nuestros enemigos.

¡Padre nuestro que estas en el cielo, venga tu luz y tu reino de paz a este mundo sufriente!


Hee Tae Kim vive en Bellvale, una comunidad Bruderhof en Chester, Nueva York, EE. UU. Traducción de Carlos R. González Ramírez.

 
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