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Por qué me uní a la comunidad Bruderhof

viernes, 18 de septiembre de 2020 por

Cuando comencé mi camino en el discipulado cristiano, me maquillaba mucho, usaba bikinis y sabía de memoria las letras de todas las canciones de rock y pop. Gran cosa, ¿no? Tenía valores morales. Participaba del grupo de jóvenes de una iglesia, aunque más bien parecía un servicio de citas con música cristiana de fondo. Aparte de mi profunda fe y relación con Jesús, me sentía muy sola. Recuerdo haber pasado muchas noches de viernes mirando TV en mi cuarto, preguntándome por qué estaba tan deprimida. Fue por entonces que me topé con el sitio web de una comunidad al estilo de las primeras comunidades cristianas –alerta de espóiler: es el sitio que ahora mismo estás viendo–, y de inmediato la comodidad de mi cristianismo quedó expuesta. La comunidad está formada por un grupo de personas que tratan de vivir las enseñanzas de Jesús como los primeros cristianos, ¡aquí y ahora, en el siglo veintiuno!

Pero ¿quiénes eran estos primeros cristianos y por qué no había escuchado más acerca de su testimonio? Quizá su obediencia a Jesús en palabra y acción resultaba demasiado radical. Fue así que leí Will the Real Heretics Please Stand Up,[1] de David Bercot –una obra audaz que compara el cristianismo primitivo con el cristianismo actual–, a fin de saber más acerca de aquellos primeros cristianos.

Los primeros cristianos vivieron bajo el Imperio romano, en los siglos I y II después de Cristo. Las enseñanzas de Jesús y los apóstoles estaban vivas en su corazón y su mente. Su testimonio no se había diluido aún como resultado de transigir con el mundo y con el estado. Los primeros cristianos fueron duramente perseguidos porque se mantuvieron firmes en su fe y no se conformaron a la inmoralidad de la cultura romana.

A family at the Bruderhof, an intentional community in the UK.La autora con su esposo, Dan, y sus tres hijos

¿Pero cómo lograron los primeros cristianos resistir la presión a amoldarse? ¡A mí me resultaba imposible desafiar a la sociedad moderna!

Según el relato de Hechos, los primeros cristianos «Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión […] Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:42; 44-45). Los primeros cristianos se sostenían mutuamente en la fe los siete días de la semana. ¡No enfrentaban el mundo solos! El amor que los unía no pasó desapercibido para los propios romanos; tanto que muchos romanos se unieron a la comunidad en busca de una nueva vida.

Quizá muchos de ustedes estén pensando que la sociedad hoy es muy diferente de la antigua sociedad romana en la que vivieron los primeros cristianos. Es una equivocación bastante común, pero, en realidad, existe una sorprendente similitud entre la antigua Roma y la sociedad occidental actual. Dice Bercot: «Las mujeres romanas que seguían la moda usaban casi la misma cantidad de productos de belleza que sus pares contemporáneas. Comenzaban el día arreglándose el cabello y maquillándose. La mujer que iba con la moda exigía túnicas de seda […] los vestidos caros y elegantes solían ser transparentes y marcaban sensualmente la figura femenina». Los primeros cristianos vestían con sencillez y modestia por el respeto que se tenían unos a otros, y no porque los romanos vistieran de esa manera. No trataron de estar a tono con la cultura de la época, por el contrario, nunca temieron ir contra la cultura imperante. 

Así mismo, los primeros cristianos rechazaron las formas de entretenimiento de los romanos. No asistían al teatro ni a las luchas de gladiadores ni a las escandalosas fiestas públicas. En lo personal, yo solía escuchar música, ver películas y asistir a recitales que no expresaban precisamente valores cristianos, simplemente porque el resto lo hacía. Me sentía como una cristiana falsa por dejar que la cultura, a través de la poderosa influencia de los medios, dictaminara cómo debía vestir, qué hacer y hasta qué creer. Escribe Bercot: «Los primeros cristianos fueron capaces de rechazar las actitudes, prácticas y diversión mundanas de su cultura porque se habían conformado a una cultura diferente. Decenas de miles de cristianos compartían los mismos valores, actitudes y parámetros de entretenimiento. Lo que cada cristiana o cristiano debía hacer era conformarse al cuerpo de creyentes».

Descubrí que debía asumir el costo del auténtico discipulado, y ningún cristiano puede recorrer ese camino a solas.Más importante aún, estar tan unidos les permitía dar un testimonio claro sobre los temas importantes de su tiempo como el aborto, la eutanasia y el concepto bíblico de matrimonio. Temas que, sin duda, nos resultan familiares. Los primeros cristianos no se limitaron a denunciar lo que veían mal en la sociedad, sino que mostraron otro camino; ofrecían una alternativa. Se hacían cargo de los bebés abandonados por los romanos, cuidaban a los enfermos y a los ancianos, y eran fieles en el matrimonio.

El apóstol Pablo dijo: «No se amolden al mundo actual […] El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal» (Romanos 12:2; 9-10). Los primeros cristianos siguieron su instrucción, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros? Decir que es imposible no es excusa porque, en realidad, las cosas no han cambiado tanto desde entonces. Lo que sí parece haber cambiado es la firmeza, la unidad y el amor con que la iglesia daba testimonio del evangelio de Jesús y de las enseñanzas de los apóstoles; su testimonio de un estilo de vida diferente.

Tenía veintipocos años cuando me uní a esta comunidad que sigue el estilo de vida de la iglesia primitiva: la comunidad Bruderhof. Me había dado cuenta de que no podía seguir a Jesús en los términos del mundo. Debía asumir el costo del auténtico discipulado, y ningún cristiano puede recorrer ese camino a solas. Pasé a formar parte de un grupo de cristianos no perfectos pero sí radicales, decididamente comprometidos con Jesús, los unos con los otros y con la práctica del amor en su entorno y más allá. ¡Y nunca más me sentí sola!

[1]Que hablen los primeros cristianos. El reto a la iglesia de hoy a la luz del cristianismo primitivo, D. Bercot. Trad.: Javier Cubillos. CSA Press Latinoamérica, 2007. N. de la T.: Las citas incluidas en este artículo son traducción libre del original inglés.


Emily Hallock vive con su esposo, Dan, y sus tres hijos en Beech Grove, una comunidad Bruderhof en Kent, Inglaterra.

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