Vida en comunidad

Algunas posibles trampas de la vida comunitaria

viernes, 01 de octubre de 2021 por

¿Qué son las trampas de la vida comunitaria, en las que muchas experiencias se quiebran? En esta charla preparada para los integrantes de la primera comunidad Bruderhof en Sannerz, Alemania, el 3 de octubre de 1926, Eberhard Arnold expone tres de ellas, después de guiar esta comunidad cristiana durante sus primeros seis años.

En el primer periodo de nuestro trabajo en común, nos sentimos íntimamente unidos con todas las formas comunitarias procedentes del amor de Cristo desplegadas a lo largo de los siglos. Nos sentimos uno con la Iglesia primitiva de Jerusalén, con las fundaciones de los primeros movimientos monásticos, con los valdenses y los franciscanos, con los Hermanos de la Vida Común y con las comunidades comunistas anabaptistas de la Edad Media. Nos sentimos uno con los ensayos de las iglesias protestantes y de la iglesia católica y con los ajenos a las iglesias estatales. La única cuestión que nos planteamos fue si esos intentos nacieron del espíritu de la fe y del amor orientado a formar una comunidad para la humanidad. 

arnoldembed1Wassily Kandinsky, Paisaje con casa verde, 1909

Pero un peligro se manifestó de forma desagradable en todas estas asociaciones. Me refiero a la exclusividad, la limitación y la estrechez, que debe entenderse tanto espiritualmente como en un sentido práctico. Espiritualmente se manifiesta como un estrechamiento del horizonte, como una endogamia de pequeños círculos encerrados en sí mismos, como una asunción de costumbres estereotipadas. En la práctica, se hace evidente en el aislamiento sectario en un pequeño círculo de personas que se somete a esta estrechez de miras. Hemos observado este estrechamiento tanto en las órdenes católicas como en los grupos de creyentes evangélicos. Estamos convencidos de que el movimiento de avivamiento originario fue diferente, de que en aquel momento lo crucial fue la voluntad real de la fuerza omnímoda del amor, la voluntad de dirigirse a todas las personas, de no ignorar ni dejar de lado a nadie, y sobre todo de vivir precisamente para los más necesitados. En este caso, lo decisivo es la voluntad de buscar y dirigirse a ellos. Tampoco puede ser de otra manera. Si este amor proviene del Creador, que ha creado a todos los seres, entonces este amor solo puede ser omnímodo, o de lo contrario no es.

El segundo peligro de estas uniones es el peligro erótico,  que supone asimismo una limitación del amor, una dependencia entre unos pocos, un magnetismo entre individuos, un desgajarse de estos individuos, de estas partes individuales en su mutua atracción. Hemos comprendido con claridad que los asentamientos que no se articulan en torno a la fe acaban inevitablemente rompiéndose por la cuestión erótica, debido a que ese otro imán superior, ese sol central, no determina su órbita. Así que acaban cayendo y ahogándose en el estrecho magnetismo de las minúsculas relaciones de los individuos entre sí. Este estrecho magnetismo no puede ser superado mediante algunas reglas estrictas y prohibiciones y órdenes, sino solo gracias al imán superior que vuelve insignificantes estas pequeñas interrelaciones. Es cierto que siguen estando ahí, y ciertas desviaciones pueden explicarse por ellas. Pero el gran imán es tan determinante que su firmeza no se anula por la cercanía de las agujas magnéticas entre sí. Esa es la cuestión decisiva, si giramos alrededor del sol central. Solo en esa medida poseemos una razón de ser por encima de toda limitación.

El tercer peligro de la vida comunitaria consiste en escandalizarse por las debilidades de carácter de los compañeros. Solo hay personas imperfectas. Las imperfecciones atribuibles al carácter y al talento son diferentes; pero se encuentran por doquier. Si las personas se ven poco, es fácil pasar por alto esas imperfecciones de carácter y la falta de talento. Si las personas comparten día tras día y hora tras hora una habitación y un trabajo, la situación puede convertirse en un tormento indecible. "Si quieres separar a dos amigos, deja que duerman juntos en una habitación durante dos meses". Así es como han fracasado muchos ensayos comunitarios. El enfado de unos con otros, sobre todo el enfado entre sí de las mujeres casadas encargadas de la comida y la alimentación, disuelve la comunidad. Por eso, en la vida en común, hablar de los defectos de los camaradas es de lo más perjudicial, no tanto por lo que se diga de ellos, sino por el hecho de que al hablar de estas cosas el ánimo se encadena a esas ideas mezquinas. El carácter de uno se echa a perder si se incide demasiado en los defectos y debilidades de las personas. ¿Cómo puede superarse este problema? Hablando de lo que posee una importancia superior y determinante. La comunidad solo se da en la medida en que la exigencia primordial de la vida y la fuerza primordial de la vida orientada a Dios y hacia todo lo que él ha creado nos alienta y resplandece a través de nosotros. Solo podemos vivir en comunidad si permanecemos en el primer amor: "Reflexiona, pues, sobre la altura de la que has caído, conviértete y vuelve a portarte como al principio. Pero tengo una queja contra ti, y es que has dejado enfriar tu primer amor". Solo es difícil vivir en comunidad cuando el primer amor nos ha abandonado. Es fácil cumplir los mandamientos de Dios, dice Juan, “ya que los hijos de Dios están equipados para vencer al mundo”. De la fe nace el amor.


Traducción de Luis Fernández Torres. La charla completa está disponible en Plough.com.

 
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