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Música para la vida en comunidad

jueves, 23 de julio de 2020 por

No vas a creerlo —decía la carta—. Tenemos una nueva visita en Woodcrest, y le está poniendo música a los poemas de tu esposo!» Era el año 1959, la escritora Lois Ann Domer, una entusiasta joven estadounidense en la comunidad del Bruderhof en Nueva York, que entonces tenía cinco años de su fundación. La destinataria de la carta era Emmy Arnold, quien con su esposo Eberhard, habían comenzado el Bruderhof en Alemania en 1920.

Tras la muerte de Eberhard en 1935, Emmy había conservado copias de la exuberante poesía de su esposo. Los primeros poemas fueron declaraciones de fidelidad de por vida de su joven pretendiente, cuyo amor por ella solo era superado por su amor por Jesús. Sus posteriores poemas hablaban, también, de las alegrías y desilusiones de la vida compartida en comunidad que habían emprendido. A lo largo de los años varios poemas habían sido musicalizados, pero quizá ninguno con la sensibilidad ahora expresada por la esposa de un joven ministro del Medio Oeste.

En la década de 1950, Woodcrest le dio la bienvenida a las oleadas de personas de todo el país, quienes buscaban una manera de vivir el Sermón del monte. Glenn y Marlys Swinger –él fue pastor de la Iglesia de los Hermanos y ella, graduada de la American Conservatory of Music de Chicago — quedaron impactados por la vida sencilla pero alegre que encontraron. Ellos y sus hijos fueron atraídos de inmediato al torbellino de la vida compartida en comunidad.

Recién casados en 1947Glenn y Marlys Swinger, recién casados en 1947

En este contexto, el talento musical de Marlys se convirtió en un llamado. Aquí había un coro de la comunidad con doscientas voces, deseosas de aprender algo de los grandes oratorios. De la multitud diversa surgió una orquesta, ¿pero quién podría dirigir a esa amplia variedad de cantantes y músicos en el Elías de Mendelshon? Desde el piano en medio de la sala, Marlys marcaba las partes vocales y cubría las partes instrumentales que faltaban.

Pero no tardó mucho tiempo en comenzar a componer su propia música. Cuando la comunidad anticipaba el bautismo de algunos de sus amigos cercanos —recuerda Marlys—, «estaba muy conmovida y quería participar de alguna manera». Y lo hizo escribiendo una poderosa interpretación del Salmo 130-1: «A ti, Señor, elevo mi clamor desde las profundidades del abismo».

La apertura de su puesta en escena comienza con sonido de cuerdas y el coro, atado a la tierra y arrastrándose clamando por toda la agobiada humanidad: «Si tú, Señor, tomaras en cuenta los pecados, ¿quién, Señor, sería declarado inocente?». Entonces las voces y el violín se armonizan en el eco del salmo que encontramos en Isaías: «¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!», ofreciendo una esperanza que parece inalcanzable: «Pero en ti se halla perdón». Y con una oración que se eleva a las alturas viene la gozosa certeza: «Espero al Señor con toda el alma, más que los centinelas la mañana».

En agosto de 1968, los Swinger hicieron su compromiso formal como miembros del Bruderhof. Su decisión los mantuvo distanciados de su familia durante años (una ruptura que al final sanaron), pero para entonces sabían con certeza que esta era la vida para ellos.

Entre las muchas familias que los Swinger pronto llegaron a conocer en Woodcrest estaban los Clement: Jane, una poetisa, y Bob, un abogado. La primera colaboración de Jane Tyson Clement y Marlys Swinger fue para ese fin. Jane llegó una noche con tres versos anotados en un papel.

La compositora trabajando en 1969La compositora trabajando en 1969

Una joven pareja se iba a casar en unas semanas. ¿Acaso Marlys pensaría convertir el poema en una canción para su boda? Lo hizo, y a partir de ese momento ninguna boda podía celebrarse sin una canción original de Clement y Swinger. De igual manera, cada nuevo bebé fue la ocasión para una canción de cuna. El coro de la escuela preuniversitaria cantaba divertidas melodías de otoño, y los niños de primaria tenían su propia cantata de Pascua, con canciones que reflejaban el toque naturalista de Jane: azafranes brotando de la tierra congelada, palomillas irrumpiendo de los capullos, y pájaros regresando al norte.

Una Navidad los Swinger recibieron un librito de poemas de Georg Johannes Gick. Escrito en Alemania, The Shepherd’s Pipe (La pipa del pastor), es un ciclo de poemas que da voz al escenario de la natividad: el establo rústico, el camino que lleva hasta él, el árbol de tilo que cuelga de la ventana, las estrellas que brillan a través del techo, una vela iluminando al niño para todos los que llegan a arrodillarse ante él. Para la Navidad siguiente, Marlys había convertido los poemas en una cantata para el coro infantil. Con sus hermosas armonías en dos partes, The Shepherd’s Pipe brilló en el oscuro salón de reunión como la vela en el pesebre.

Marlys también compuso música para los poemas de Philip Britts, un joven agricultor cuya poesía sobria y poderosa acaba de publicarse en Water at the Roots (Plough, 2018). Además completó varias cantatas: 1 Corintios 13, las profecías mesiánicas de Isaías, la historia de la natividad; así como arreglos de los himnos cristianos primitivos. Pero quizá lo más significativo para el Bruderhof en la década de 1960, cuando reestablecían de nuevo sus raíces tras años de turbulencias, fueron las palabras redescubiertas de Eberhard Arnold. Para las docenas de nuevos miembros estadounidenses esto representó un conducto a los comienzos de la vida radical que habían elegido. Aquí había canciones de una fe ardiente que se había forjado firmemente a través de las dificultades, cantos de renovación y arrepentimiento, de la unidad concedida a los creyentes de «una mente y un corazón».

Marlys Swinger da palabras introductorias a una de sus obras corales, 2014Marlys Swinger da palabras introductorias a una de sus obras corales, 2014

Hoy en día, Marlys prefiere componer nueva música que hablar sobre lo que ha compuesto en el pasado. Para ella la vida es para cantarse, y si no hay una canción para expresarla, bueno, entonces debería haberla.

Trato de imaginar otras trayectorias que podría haber tenido su vida. ¿Un paso directo del conservatorio a la sala de conciertos? ¿La composición de nuevos himnos en la Iglesia de los Hermanos? ¿Un coro infantil en las montañas Ozark? Todas buenas opciones, especialmente cuando se dedican a Dios, como seguramente lo habrían sido. Pero por más que trato, no me la imagino ni la escucho en ellas. Estaba destinada para venir a este lugar de muchas voces.


El artículo entero, incluso varias grabaciones de las obras musicales de Swinger, está disponible acá.

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