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Venciendo distancia y soledad

En medio de la pandemia, nace un puesto de granja

jueves, 03 de junio de 2021 por

¿Cómo se nos ocurrió Coleman Corners? Fue durante una tormenta de nieve que nos sorprendió en una empinada carretera de montaña, en el mes de febrero. Quizá se pregunten qué es o qué hacíamos en medio de una tormenta en la montaña. El caso es que Coleman es un pequeño puesto de granja –y también un punto de referencia para conservar la cordura–, y mi esposo y yo dimos rienda suelta a nuestra imaginación porque la tormenta en una carretera en lo alto de la montaña nos concedía el extraño privilegio de seis horas de conversación ininterrumpida.

Habíamos salido de Fox Hill Bruderhof, después de hacer abandono responsable de nuestros tres hijos, para darle una sorpresa a una querida amiga que nos había apoyado en tiempos difíciles y luego se había mudado muy lejos. Nuestra operación secreta consistía en caer de sorpresa e irrumpir en su casa con una enorme canasta de cumpleaños, unos sombreros ridículos y una canción más ridícula aún.

¡La operación fue un éxito! Un par de horas de festejo, risas y conversación franca nos permitió recargar las pilas para el resto del año, sin saber aún lo que ese año nos depararía. Emprendimos el regreso, ya con ganas de abrazar a los tres torbellinos que esperaban en la otra punta del camino, pero agradecidos de no tenerlos en el asiento trasero.

«Así que, finalmente, la vieja casona Coleman se derrumbó…», dijo Jason, pensativo, mientras los neumáticos se adherían al pavimento para tomar la siguiente curva en la montaña. «¿Qué se puede hacer con un lugar tan cerca de un camino principal, con una hermosa vista y su entrada propia?»

Mira la construcción de Coleman Corners

Coleman era una antigua casona rural en una esquina de nuestra propiedad en Fox Hill. El pasado otoño, la construcción sucumbió al paso del tiempo, el deterioro y una cuadrilla de demolición.

––¿Y si instaláramos un pequeño puesto de granja? Un rincón acogedor al costado de Coleman Road, con una zona de juegos para niños.

––Sí, y una zona de descanso para padres… con sillas estilo Adirondack…

––Lo recaudado podría destinarse a despensas de alimentos o refugios locales, o si alguien necesita una rampa para silla de ruedas…

La idea fue bien recibida por el resto de la comunidad de Fox Hill, a condición de que nos ocupáramos de la construcción y administración del lugar en nuestro tiempo libre. En una comunidad siempre activa, el tiempo libre es efímero, así que comenzamos a recolectar materiales y hacer bocetos para un cobertizo y el área circundante con la idea de terminarlo en uno o dos años. Fue entonces cuando el mundo entero se detuvo, y algo tan trivial como un puesto de granja sonaba ridículo en Nueva York, el epicentro de la pandemia durante algún tiempo. Nos preocupaba muchísimo la situación de los amigos que estaban lejos; en nuestra familia, yo me hice cargo de la escolaridad de nuestros tres torbellinos, y Jay… no tenía trabajo.

Coleman Corners farm standFotografía gentileza de la autora

Estar en casa sin trabajar no es algo disfrutable para un constructor, a menos que pueda estacionar su carpintería móvil en el fondo y construir algo. ¿Por qué no unos pilares y vigas para un puesto de granja? ¿Y si el incentivo de estar afuera con martillo y formón lograra que un hijo a terminara más rápido su tarea de matemáticas? ¡Sí, funcionó! Pero aunque ahora teníamos tiempo para construir el puesto, nos preguntábamos si alguna vez llegaríamos a usarlo en este tiempo tan extraño del «quédate en casa».

Resultó que mucho antes de lo que habíamos pensado. En julio, una vez terminada la estructura básica, el pequeño cobertizo fue levantado y montado sobre una plataforma, y así inició el lento viaje hasta su ubicación final en la cima de la colina. Jay completó el cerramiento de los laterales a la luz del amanecer. Algunas familias nos ayudaron a quitar matorrales y quemar maleza, plantar césped y armar una pequeña zona de juegos bajo un gran arce.

En agosto, el jardín estaba floreciente. Publicamos en Facebook un primer evento tentativo, invitando a una venta de productos de granja al aire libre, un sábado de tarde. Pedíamos que todos usaran mascarilla y guardaran distancia. En mi interior, pensaba que podríamos mantener distancia más que suficiente con los dos o tres buenos amigos que vendrían solo para no dejarnos colgados.

Ciento veinte personas se hicieron presentes en el transcurso de cuatro horas. Todos con su mascarilla y sin aglomerarse. Nos quedamos sin maíz dulce y sin pepinos. Pero mucho más que vegetales, lo que la gente necesitaba era escuchar voces. De pie, formando amplios círculos, se los escuchaba conversar: «¿Cómo has estado?» «¿Cómo están pasando el verano?» «¿Sabes si Joe y Linda están bien?» «Ha sido muy duro para ellos». «Oramos por la familia». «Les llevo tomates y este pan casero».

Nos quedamos sin maíz dulce y sin pepinos. Pero mucho más que vegetales, lo que la gente necesitaba era escuchar voces.El sábado siguiente, llevamos más sillas y las distribuimos en círculos convenientemente separados, debajo de los árboles. La concurrencia fue mayor. Aunque había una actividad casi febril en torno al puesto de granja, la sensación general era de estar en una apacible jornada festiva: todas las sillas estaban ocupadas por personas que conversaban y reían manteniendo los dos metros de distancia. Las carcajadas sonoras de nuestro amigo Mark recorrían todo el círculo, especialmente cuando el nogal comenzó a bombardear a los presentes. O quizá fue su risa que sacudió el árbol e hizo caer las nueces.

Dos mujeres venían desde Walden todas las semanas, traían a sus madres y aprovechaban la tarde al máximo. Sentadas en sus sillas de ruedas con aire majestuoso, las matriarcas presidían sus círculos mientras las hijas conversaban y hacían compras. Al marcharse, una se inclinó y susurró: «¡Esta es mi iglesia!» Otra señora mayor nos dijo que su principal temor no era el coronavirus sino la soledad: «No tengo a nadie a quien llamar para conversar. No hay lugares adonde ir para ver un rostro que no sea de la televisión. No soporto un solo día más de aislamiento».

Coleman Corners farm standFotografía gentileza de la autora

El despliegue de dones de nuestro personal nos sorprendió a medida que nuestro puesto de granja sabatino pasó a ocupar un lugar destacado en el calendario. Nuestra hija adquirió perfecto manejo de la caja registradora, nuestro hijo acondicionó el tractor de jardín para transportar enorme cantidad de calabazas, y sus tres primos menores alcanzaron nivel profesional instalando carpas, etiquetando recipientes y empacando huevos. Nuestra amiga Barb, una música brillante que extrañaba tocar con la orquesta local y grupos de cámara, invitó a los músicos de la zona a reconectarse y hablar de su actividad mientras compartían pastelería casera.

Hablando de pastelería, Edna, una pastelera legendaria de Fox Hill, preparaba durante la semana tartas de manzana y pastelería danesa (Danish) que siempre desaparecían en la primera media hora. Nunca logró hacer una cantidad suficiente para superar ese período de tiempo. Edna tiene setenta y seis años. Unos años atrás, su hermana mayor, Emma, había dejado de pintar alegando que ya no había personas interesadas en su estilo de pintura. Pero cuando comenzamos la exhibición de artesanías, retomó sus maravillosas creaciones en piedra y madera balsa. Ahora no logramos conservar sus búhos en los estantes; los niños se paran frente a ellos para ver si parpadean. Otras personas están haciendo piezas de cerámica y adornos para el hogar. Se ha desatado un aluvión de actividad. 

¿Sería bueno contar con más personal? Es posible. ¿Alguna vez le toca limpieza a nuestra casa? Mmm. ¿Vale la pena tanto revuelo? A esta pregunta respondo con un sí rotundo. Cada vez que veo la suave pendiente de esta pequeña pradera llena de gente y de vida, recuerdo cómo surgió Coleman Corners. Durante gran parte del año pasado tuvimos que luchar contra paredes que parecían avanzar sobre nosotros, contra el silencio y un temor que iba más allá de la enfermedad; el temor de estar solos, de vivir y morir en soledad. Tiene lógica que este lugar haya nacido de nuestra determinación de desafiar el distanciamiento y celebrar el encuentro cara a cara.


Traducción de Nora Redaelli

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