Confesión de un ateo

viernes, 09 de julio de 2021 por

David Lenefskyes, un viejo y sólido amigo de nuestra comunidad, nos pidió hace poco que hiciéramos oración por una niña convaleciente. Esto me conmovió de manera especial, ya que David es un ateo declarado. En un momento donde tales diferencias aparentan dividir muy fácilmente, le pedí que reflexionara sobre qué lo motivó ponerse en contacto con nosotros para pedirnos hacer una oración a esta niña. A todos los que conocen a David, su amor, su calidez y su preocupación por los demás, no causa ninguna sorpresa: él acepta a las personas tal y como son, algo que todos deberíamos hacer. Yo respeto a David, su creencia y declaración, asimismo, comprendo el sufrimiento que lo ha llevado a tener esa postura. Claro que yo sigo creyendo en Dios nuestro creador, y en su Hijo Jesús, nuestro salvador. Pero, me asombra que las acciones de muchos que se declaran ateos como David personifican las enseñanzas de Jesús y pueden incluso fomentar la confianza y fe en un Dios amoroso, así como la capacidad humana para mostrar el amor y la bondad de Dios. David escribió lo siguiente:

En julio de 2020, le pedí a mis amigos de la comunidad Bruderhof que hicieran oración por la hija de un vecino, una niña de ocho años que fue hospitalizada por un derrame cerebral. Hecho que ocurre a cinco de cada cien mil niños, aproximadamente.

Obviamente, la respuesta fue afirmativa.

Semanas después, cuando les di la noticia de que Claire había sido dada de alta y que estaba progresando haciendo terapia física y ocupacional, me preguntaron: "¿Por qué un ateo le pidió hacer oración a una comunidad cristiana?".

Me pidieron que, si era posible, respondiera por escrito.

artworkOración en la estación de tren, Victor Borisov-Musatov. Dominio Público.

Obviamente, ellos saben que yo no creo en dios. Pero, lo que ellos no saben es que, no solo no creo en dios, sino que detesto el concepto de un dios creador. Me resulta inconcebible que un dios haya creado una especie tan cruel y tan deliberadamente ignorante. Para mí, es una contradicción que un dios haya creado una especie que viola gravemente el precepto central de la Biblia: acoger al extranjero. Viendo nuestro comportamiento, me resulta ofensivo creer la afirmación bíblica de que cada uno de nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de dios. Yo pienso que tal creencia es un buen argumento para legitimar la idea de que todo está permitido.

Nuestro ADN está programado para la supervivencia —¿de qué otra forma hemos podido sobrevivir en la historia?— pero no para la verdad. Nuestro ADN está programado para hacer natural la religión a los humanos, y para mí, la afirmación bíblica es al revés: Dios ha sido creado a nuestra imagen y semejanza.

Si uno lee la historia del siglo XX, donde más de cien millones de vidas se perdieron en guerras, que omitiendo las fechas, uno podría fácilmente pensar que esos hechos se refieren a la llamada Edad Oscura de finales del siglo V al XIV (no fue tan oscura intelectualmente, pero sí fue brutal para la vida humana). Para sintetizar a Blaise Pascal, filósofo francés del siglo XVII: el hombre nunca mata con tanto gozo como cuando lo hace en nombre de dios. En lenguaje actual: violencia basada en la fe.

Tener una creencia muy arraigada, irónicamente, me hace sentir especialmente atraído por las personas que practican humanismo religioso (a cuál religión pertenecen me es irrelevante). De ahí mi adhesión al Bruderhof.

Una idea mundana pero importante es que la moral no tiene nada que ver con religión. Todos hemos leído sobre personas que se dicen “religiosas” y que han cometido graves actos de inmoralidad.

Permítanme decirlo así: la historia está llena de personas maravillosas a quienes llamo buscadores de belleza, de sabiduría, creadores y amantes de la cultura. Y, claro, la ciencia y tecnología han elevado el nivel de vida de miles de millones de personas antes empobrecidas. Sin embargo, la pregunta medular es: ¿hemos progresado moralmente? Si definimos moral como la capacidad de preocuparse por los demás, mi respuesta es que no.

¿Por qué entonces me acerqué al Bruderhof? La respuesta es sencilla: Quise hacerle saber a Claire que un grupo de personas que sí preocupan profundamente la estuvieran apoyando.


Traducción de Carlos R. González Ramírez

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J. Heinrich Arnold es pastor, padre, abuelo, maestro de educación mediana y asistente médico. Vive en la comunidad Woodcrest...

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