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¿Por qué Dios no responde mis oraciones?

jueves, 14 de abril de 2022 por

Lazarus being raised from the dead
"¡Lázaro, sal de ahí!” Arte de Harold Copping.

La historia de Lázaro, en el Evangelio de Juan, capítulo 11, es una eterna favorita en cada Pascua. Al repasar la vida y el ministerio de Jesús en su última semana entre nosotros, el relato de la resurrección de Lázaro nos conecta con nuestra mayor y mejor esperanza.

Marta, la hermana de Lázaro, al oír que Jesús venía en camino, salió a su encuentro. Había visto a Jesús curar a los ciegos, los cojos, los enfermos y hasta resucitar a una niña.

—Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.

—Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.

—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.

Entonces Jesús le dijo:

—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

—Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.

(Juan 11:21-27 NVI)

Nos encontramos a las puertas de la Pascua una vez más. Han pasado dos años desde que la pandemia de COVID-19 nos cambió la vida a todos. Hace dos años, el mundo entero inició el camino del confinamiento. Se cerraron las fronteras, se suspendieron los vuelos, también cerraron las escuelas, dejamos de celebrar nuestro culto juntos y muchas personas que amábamos murieron solas en un hospital. Ahora, ante la proximidad de una nueva Pascua, resurge nuestro anhelo de días más cálidos, que llegue la primavera y el alivio de la pandemia. Sin embargo, si bien la extensa campaña de vacunación nos acerca al final de la pandemia, aún persisten las secuelas de enfermedad y tristeza que la COVID 19 ha dejado a su paso. A lo largo de todo este año, se elevaron muchas oraciones, incluidas las mías, por las personas enfermas y las que morían. Aun así, más de seis millones de personas murieron en el mundo. ¿Por qué? ¿Acaso Dios no escuchó nuestras oraciones? ¿No prestó atención a nuestra súplica por sanidad?

Hace poco leí las palabras que Jonathan Evans pronunció en el servicio fúnebre de su madre, Lois Evans, en enero del 2020. Lois, esposa del conocido pastor, autor y conferencista Tony Evans, falleció después de batallar contra el cáncer. Durante el servicio, Jonathan Evans relató cómo había luchado con Dios cuestionando por qué, a pesar de todas las oraciones elevadas por su curación, su madre había muerto. «Si tenemos victoria en tu nombre, ¿por qué no escuchaste nuestras oraciones? ¿No viste el cáncer que padecía? […] ¿No escuchaste nuestro ruego? ¿Por qué no respondiste nuestra petición?». Sus preguntas eran las mismas que yo le había hecho a Dios, veintidos años atrás, cuando nuestro hijo Matt murió de cáncer a la edad de veintidós años. A pesar de que miles de personas oraron por su curación, Matt murió irremediablemente.

Al seguir leyendo el texto, me impactó la respuesta de Dios a Jonathan:

—No entiendes la naturaleza de mi victoria. Solo porque no respondí tu oración de la manera que tú esperabas no significa que no te respondí; yo ya le había dado la victoria a tu mamá. Tú no lo entiendes debido a la victoria que te he dado a ti.

»Había solo dos respuestas a tus oraciones, y solo dos: tu mamá sanaría, o bien tu mamá sanaría; tu mamá viviría, o bien viviría; viviría en familia o viviría en familia; estaría bien cuidada o estaría bien cuidada. La victoria es mía por lo que yo ya hice por ti.

»Las dos respuestas a tu oración son sí y sí, porque la victoria le pertenece a Jesús. Debes entender que yo soy Dios y soy soberano. Mi estrategia en el campo de juego va más allá de la situación particular de cada uno de mis jugadores. Debes confiar en el Señor con todo tu corazón; no descanses en tus propias fuerzas, sino descansa en mí que soy quien puede enderezar las situaciones torcidas. Yo soy el Dios soberano, por eso dicen que yo soy el que soy.

»Sé lo difícil que fue para ti ver morir a tu mamá, pero no por eso debes restarle importancia a lo difícil que fue para mí ver morir a mi hijo para que ella pudiera vivir. Siempre hubo dos respuestas a tu pregunta: sí y sí, porque con mi gracia es suficiente.

Regresemos ahora a la historia de Lázaro. Lázaro muere, y Jesús lo resucita. Tiempo después, Lázaro murió nuevamente, pero las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás» resuenan con absoluta claridad. La victoria sobre la muerte le pertenece a Jesús, y él nos pregunta: «¿Crees esto?» ¡Sí, creo! Ciertamente Dios escuchó nuestras oraciones pidiendo sanidad, y su respuesta fue sí.


Traducción de Nora Redaelli. Este artículo se publicó por primera vez en 2021; los datos han sido actualizados para 2022.

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