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Vida en comunidad

¿Puedo traer mi mascota a una comunidad Bruderhof?

viernes, 04 de marzo de 2022 por

Una mañana, cuando yo estaba en jardín de infantes, mi papá trajo a casa un cerdito muy pequeño, el más débil de la camada. Cojeaba de una pata, así que lo llamamos Amahl, como el niño pastor en Amahl y los visitantes nocturnos. Cuando su patita sanó, disfrutaba corriendo de un lado a otro dentro de su caja de cartón, dando sonoros chillidos para mi deleite y el de mis hermanos. Durante un buen tiempo, mi madre soportó pacientemente los chillidos (y el creciente mal olor). Finalmente, nos despedimos de Amahl y lo llevamos al establo con su mamá. En aquel momento, yo estaba segura de que tendría un futuro venturoso. Años más tarde supe que su madre había rodado sobre él accidentalmente y lo había aplastado; una noticia que mis padres prefirieron ahorrarme en su momento. Amahl fue nuestra primera mascota, seguido por Midnight Shadow (Sombra de medianoche), el conejo de mi hermana, que murió de forma trágica. Después llegó un segundo conejo, que no recibió nombre ni cariño y, como no pudo reemplazar a Midnight Shadow, se dedicó a gruñir y darle mordiscos a la gente. Nuestra mascota más reciente fue una border collie llamada Shayna. Actualmente está cumpliendo el sueño de todo border collie: cuidar rebaños de ovejas.

Una pregunta que he escuchado con frecuencia es si se puede traer una mascota cuando uno se muda a una comunidad Bruderhof. Dado que tenemos una bolsa común para gastos y nadie puede comprar el alimento para su mascota en forma individual, quien desee tener una mascota debe preguntarle al administrador de su comunidad, que es la persona encargada de hacer las compras. La respuesta será afirmativa en la mayoría de los casos. Los administradores no son insensibles, y si alguien tiene un gato o un perro que ha sido su fiel compañero durante años, seguramente le permitirán venir con su mascota, salvo que se trate de un animal demasiado grande o exótico (no podemos alojar tigres, por ejemplo). Las comunidades más grandes suelen tener un establo para albergar caballos, ovejas, cerdos y otros animales de gran tamaño amigables y queribles.

AyanaEmbedAyana con sus chivitos Sonny, Snickers y Star.

En caso de que el administrador se oponga al ingreso de su mascota, no dude en replantear y defender su caso. Confiando en los principios del Bruderhof de hermandad y de ser francos y abiertos en el desacuerdo, podría decir: «Si no me permiten traer mi hurón, tendré que reconsiderar mi decisión de vivir aquí». Cuando alguien tiene tremendos deseos de tener una mascota, por lo general lo consigue.

Cuando estaba en cuarto año de secundaria, nuestra profesora de biología tenía una serpiente como mascota. Ocasionalmente, toda la clase observaba el momento en que un ratón aterrado era devorado por la serpiente. Veíamos cómo el ratón, convertido en un pequeño bulto, se movía dentro del cuerpo de la serpiente impulsado por la musculatura de su sistema digestivo. Me siento mal solo de escribirlo. No era la profesora quien nos obligaba a observar ese proceso; lo hacíamos por la presión del grupo. Nos quedábamos allí parados, y decíamos: «Guau, ¡es genial!», pero no lo era. Si aquella profesora logró justificar la tenencia de una serpiente, estoy segura de que ustedes podrán encontrar justificación para un gato, un perro o incluso un hámster.

Cuando me mudé de Platte Clove a la comunidad de Fox Hill, una de mis amigas me sugirió pedir un perro. «Si tienes un perro» –me aclaró–, «probablemente no tendrás que compartir tu cuarto con una compañera». Su sugerencia sonaba atractiva, pero, para mí, la alternativa entre un perro y una compañera no representa lo mismo que para ella. Me gusta tener compañeras de cuarto, otras jóvenes solteras de Fox Hill que me tienen al tanto del calendario de actividades sociales del grupo de jóvenes. Si tuviera un perro, estaría encariñada con él, pero creo que me volvería muy introvertida. «Mira, allí va Esther» –comentaría la gente moviendo la cabeza. «No habla con nadie, solo con su perro».

Sí, no hay duda de que las mascotas tienen un lugar en la comunidad. Todos nosotros somos humanos y, a veces, lastimamos a otros con nuestras palabras. Pero el amor que brindan los animales es mucho más comprensivo que el de los humanos y, cuando alguien está decaído, le devuelven la confianza necesaria para volver a enfrentar la realidad. De modo que, si alguna vez siento verdadera necesidad, solicitaré tener una mascota. Un cerdito pequeño seguramente ahuyentaría a mis compañeras de cuarto, pero no descarto la posibilidad de tener un pez. Los peces son silenciosos y, sin duda, son un magnífico ejemplo de saber contentarse cualesquiera sean las circunstancias.


Traducción de Nora Redaelli

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